In Memorian #SergioUrrego – Por: Carlos M. González

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Se llamaba Sergio Urrego. Tenía apenas dieciséis años y era un joven inteligente, de carácter y, sobre todo, vital, encantado con las posibilidades que le pudiera deparar la existencia por venir. Pero no hubo tal futuro, pues el 4 de agosto pasado levantó la mano contra sí mismo. Sin eufemismos: el 4 de agosto pasado se suicidó. Al suicidio acude alguien por una o varias de las tres razones siguientes: 1. Porque limitaciones de salud vuelven la sobrevivencia un suplicio cotidiano; 2. Porque el sentido de la vida se ha resquebrajado de manera irreparable; y 3. Porque algunos se aplican, impíamente, a hacerle la vida imposible a otro, a asfixiarlo, a demolerlo hasta, prácticamente, arrojarlo por el precipicio.

A Sergio Urrego lo lanzaron a ese vacío que es la nada los representantes de tres instituciones que ingenuamente se asocian por principio al bien. Aclaro: no quiero decir que estas instituciones sean el mal, lo que afirmo es que bajo ciertas condiciones esas idealizadas instituciones pueden conducir a lo peor. Esas tres instituciones que se conjugaron para arrojar al precipicio, en la flor de su vida, a Sergio Urrego, fueron la familia homófoba (la de su novio), el saber académico cuadriculado y la escuela autoritaria. Antes hay que decir que la “falta” que, de forma encarnizada, padres virulentos, psicólogos ignorantes, profesores policivos y rectoras tiránicas le cobraron a Sergio, fue la de haber sido gay. Y lo persiguieron, mejor: lo acorralaron y lo matonearon, acudiendo al expediente de todas las formas que, en los últimos dos mil años, ha implementado la homofobia que ha caracterizado a la cultura occidental: pecado, crimen, enfermedad.

La familia de su novio –opuesta en esto ciento ochenta grados a la del propio Sergio, la cual lo supo respaldar y apoyar amorosamente- lo trató como un criminal, al punto que, siguiendo el ejemplo de los “falsos positivos”, pretendieron encubrir la homosexualidad de su hijo denunciando a Sergio ante la fiscalía por acoso sexual. Para estas mentes homófobas detrás de todo gay está agazapado un criminal. La psicóloga, encarnada por un personaje de gris proceder llamado Ivón Andrea Cheque Costa, haciendo gala de esa lamentable  conjugación de tecnócrata y burócrata -conjugación desde la que muchos otros psicólogos suelen abordar a los seres humanos en su dimensión psíquica-, no tardó en encontrar una anomalía del orden de la enfermedad, motivo por el cual le exigió a Sergio que debía seguir presentando todos los meses un “certificado de acompañamiento psicológico”, no fuera a ser que el enfermo perdiera su juicio y desatara su peligrosidad. ¿Y de la escuela qué? Más lamentable no podría ser su papel. Un “profesor” –no puedo escribir esta digna palabra sin entrecomillarla en este caso-, llamado Mauricio Ospina, fue el que descubrió (sic) el cuerpo del pecado: una foto de celular en la que Sergio se besaba con su novio, lo que llevó al susodicho “profesor”, carrera marcial de por medio, a elevar la denuncia ante la dirección de un colegio que califica un beso de manifestación obscena, grotesca y vulgar. Que no se crea, sin embargo, que Mauricio Ospina fue una lamentable excepción en el cuerpo docente de semejante centro escolar, no, por el contrario, otros profesores, cual guardia pretoriana, acompañaban a la psicóloga y a la más nefanda figura de este mundillo inquisitorial, la rectora, Amanda Azucena Castillo, cuando convocaban a su tribunal al enfermo, criminal y pecador. ¿Qué escuela es ésta que transmite que el modelo es único: heterosexual, matrimonial y reproductivo, además distanciado de esa obscenidad que es un beso a la vista de otros? ¿Qué educación es ésta que se empecina en acorralar a un joven, no dándole lugar a su formación como afirmación y potencialización de sus posibilidades, sino negándolo sistemáticamente y promoviendo su destrucción?  ¿Qué pedagogo es alguien como esta rectora que no sólo no lamenta el suicidio de su discípulo, sino que castiga a los 40 compañeros de Sergio que lo acompañaron en el velorio, haciéndoles asistir un sábado al colegio para pagar la desobediencia que demostraron al dejar el aula con el propósito de rendir el homenaje postrero al compañero que partió para siempre?

Hay que repetirlo: hay familias destructivas, psicólogos que no son sino cancerberos de una normalidad opresora, profesores que no van más allá de ser meros guardianes del orden establecido, rectores que rigen colegios que se ufanan de “rescatar los valores para alcanzar la paz”, pero quienes con la estulticia de todo tirano están convencidos de que no tienen valores aquellos que no comparten sus valores y, entonces, transmutan la paz de la que han hablado en una impía destrucción de ese otro que ha osado diferenciarse de ellos. De verdad, la humanidad dista aún de poner punto final al espíritu inquisitorial, lo que nos obliga a comprometernos con más denuedo aún en el propósito de conquistar una sociedad y una cultura en la que los Sergio Urrego no vivan sólo dieciséis años, sino que lleguen a gozar su vida ochenta años haciendo realidad duradera la consigna que él profesaba: “Mi sexualidad no es mi pecado, es mi propio paraíso”

Carlos Mario González
Profesor Universidad Nacional
Miembro de la Corporación Cultural Estanislao Zuleta

P.S.: Pido a quien comparta estos renglones que los reenvíe a sus conocidos, al tiempo que invito a ingeniar formas de expresión pública que, de un lado, apoyen a los padres de Sergio, Alba Reyes y Robert Urrego, en la lucha porque se haga justicia en este caso de matoneo y acoso, y, de otro lado, que se concreten formas civilizadas de rechazo y repudio a los agentes y prácticas institucionales que condujeron a tan lamentable desenlace, exigiendo a la Secretaría de Educación de Cundinamarca y al Ministerio Nacional de Educación que cumplan el deber que les obliga en este caso, de tal forma que entre muchos detengamos, y para siempre, una infame situación que en este momento, en otras escuelas y lugares, le sigue haciendo la vida imposible a otros Sergio Urrego.

Fuente: www.corpozuleta.org

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#Plantón #NoHomofobia #SergioUrrego

#Bogotá #Tenjo #NoHomofobia || Desde Fútbol Subverso nos solidarizamos y hacemos un llamado a la comunidad a participar del Plantón que se llevará a cabo frente al Colegio Gimnasio Castillo Campestre, colegio donde estudiaba#SergioUrrego, y que le persiguió y discriminó hasta llevarlo al suicidio.

Encuentro: [Viernes 12 de Septiembre] Portal 80 (Salida del centro comercial) hasta el Colegio Gimnasio Castillo Campestre en un bus que será gratis, a las 1:30 pm, por favor llegar a la 1:00 pm para organizar todo, las personas que no puedan llegar a esa hora, pueden ir directamente al Colegio Gimnasio Castillo Campestre (Km. 8 Vía Siberia – Tenjo), dentro del Portal de la 80, hay un bus que va hacia Tenjo, ese los/as puede llevar hasta allá, se bajan en el Gato Dorado y al frente hay un camino, por ahí siguen y llegan al colegio. El acto inicia a las 2:00 pm.

► Evento: http://tinyurl.com/knfrpws
► Convocan sus amigxs, compañerxs, familiares y profesora.

Por: Unión Libertaria Estudiantil

Sergio, llevado a la muerte por la autoridad y la discriminación.

Sindicato Estudiantil ULE

El 5 de Agosto de 2014 muere Sergio Urrego, un joven de 16 años que no resistió la persecución, discriminación y el rechazo por parte de las directivas del colegio Gimnasio Castillo Campestre. El rechazo se debía a que Sergio llevaba una relación amorosa con una persona de su mismo sexo. Nuestro amigo, como acto político, decidió lanzarse de la terraza del Centro Comercial Titán Plaza, falleciendo el día siguiente.
Lea la entrevista realizada a un/a compañera/o.

Sergio David Urrego Reyes, un estudioso, amistoso, bromista y muy maduro pensador; un juicioso Libertario, excelente amigo, muy solidario y entregado anarquista. Hijo de Alba Reyes y Robert Urrego. Nacido y crecido en la ciudad de Bogotá (Colombia). Entró a militar en su primera y única organización el 2 de Marzo de 2013: en la Unión Libertaria Estudiantil, un anarco sindicato que le agrupaba como estudiante, e ideológicamente. Sergio de inmediato ocupó una función importante siendo el secretario de tesorería de la U.L.E. debido a su fenomenal sentido de organización en todo lo que hacía.

Desde que ingresó en esta organización informó de los muchos problemas que había en su colegio Gimnasio Castillo Campestre (y su apéndice Gimnasio Castillo del Norte). Informó sobre los sobrecostos; la irregularidad de tener que comprar suministros a las empresas con las que pactaba el colegio; la falta de profesorado; la discriminación y la persecución que le hacia el colegio a quienes expresaban ideas contestatarias y antiautoritarias -resaltando que Sergio era un muy coherente ateo y libertario-; la prohibición y discriminación a expresar cualquier muestra de amor si se trataba de personas del mismo sexo y la falta de garantías para un aprendizaje crítico y constructivo. Todo lo anterior gracias a la criminalización y el autoritarismo de las directivas y a la moral odiosa que impregna este colegio a pesar de que su proyecto dice basarse en la formación de valores “en un ambiente físico y psicosocial adecuado para lograr un óptimo desarrollo”.

Luego de que todas las quejas de Sergio fueran ignoradas por todo el conducto institucional, hacia mitad del año 2014 el colegio estalló en indignación, cólera e hipocresía cuando descubrieron que nuestro buen amigo Sergio tenía una relación amorosa con su compañero de colegio Danilo Pinzón hace ya tiempo atrás. Ante ese suceso el colegio citó al papá y a la mamá de nuestro compañero (que están separad@s hace años) a entrevistarse con las directivas para “tratar ese preocupante problema”. La mamá, que estaba en ese momento en la ciudad de Cali, voló inmediatamente al saber de esa situación y, con un retraso de 20 minutos con relación a la hora citada y tras la ausencia del padre de Sergio, la señora Amanda Azucena Castillo Cortés, rectora del colegio decide no atender a la madre del compañero Sergio.

Seguidamente comienza una labor sistemática y organizada por parte de la señora rectora y de sus subaltern@s para desgraciar la vida de Sergio. Le discriminan, maltratan y le amenazan repetidas veces con no dejarle entrar a clase. Además de lo anterior, le asignan citas en psicología –tratando sus sentimientos como un problema-; se le niegan los últimos informes académicos -dejamos en claro que estaba a paz y salvo con la pensión, ruta y alimentación, siendo condiciones que impone el colegio para la entrega de resultados- y se le crea día tras día una carga emocional y psicológica que es insostenible y que le lleva finalmente a la muerte.

Era un excelente estudiante que había obtenido unos buenos resultados en el simulacro de la prueba de Estado para ingresar a la educación superior y que tenía un comportamiento intachable (esto se puede comprobar en el libro de seguimiento estudiantil que lleva el colegio). Queda así claro que el colegio no tenía ninguna excusa para estas artimañas mentirosas de persecución,  que alimentan en el estudiantado el rechazo y la criminalización hacia nuestro compañero por sus preferencias sexuales.

No contenta la señora rectora con todo lo anterior, hace lo mismo con la pareja de nuestro amigo y con la familia de él. Danilo, seguramente por el temor de que su familia se enterara de sus preferencias sexuales y tras la amenaza de sanciones por este comportamiento amoroso, decide acusar legalmente a Sergio de Acoso Sexual. Además, el colegio se suma demandando a Alba (mamá de Sergio) de Abandono Familiar y decide pedirle a nuestro compañero que abandone la institución.

Alba instaura una queja en la Secretaría de Educación Departamental el 1 de Julio de 2014 pidiendo aclaraciones sobre la violación al derecho a la integridad, a la no discriminación, y dejando en claro las negativas y los ataques que ha sufrido Sergio por parte de las autoridades del colegio y que han llevado al deterioro de su integridad. Al ser este un derecho de petición debe darse respuesta dentro de los 15 días hábiles siguientes, sin embargo la respuesta no ha sido entregada aún, más de un mes después, demostrando la falta de efectividad y posible corrupción entre el sistema.

Las últimas reuniones y conversaciones de nuestra parte con Sergio fueron un par de semanas antes de que sucediera la desgracia. Él nos informó de las demandas legales en su contra y lo ayudamos en todo cuanto pudimos desde el momento en que le conocimos hasta casi un mes antes de su muerte, fecha en que el colegio descubrió su relación amorosa y que su familia le impidió vernos. Además, debido a sus constantes migrañas el neurólogo le formula Valcote, un medicamento excesivamente fuerte con efectos secundarios como sedación, somnolencia, temblores, trastornos emocionales, depresión, psicosis, formación de hematomas y hemorragias.

Sergio agredido, espantado, drogado, decide como protesta y último acto político lanzarse desde el centro comercial TITAN PLAZA dejando antes cartas para las personas más cercanas, y explicitando todo lo que había pasado con su compañero sentimental, así como evidencias para clarificar su inocencia en cuanto a la demanda que le habían puesto. Este fue acto público contra la discriminación, y contra quienes se ensañaron hasta llevarle a la muerte. Cabe resaltar que Sergio no era una persona depresiva –según quienes le conocían desde la infancia-, al contrario generalmente estaba de buen humor, posiblemente el medicamento que estaba tomando también pudo haber influenciado en su decisión.

Actuaremos socialmente y denunciaremos al colegio, su representante legal, a la señora Amanda Azucena Castillo Cortés y a toda persona que se atraviese en el acto de limpiar la memoria de Sergio. Igualmente, denunciaremos al Centro Comercial Titán Plaza por la ausencia de medidas de seguridad. Hacemos responsables también a la familia de Danilo Pinzón y a él hasta que muestren arrepentimiento y solidaridad real en la acción, a la sociedad excluyente, a la moral hipócrita, fría, religiosa y burguesa, y a toda persona que se ensañó contra nuestro amigo para llevarle a la muerte.

Actualmente la fiscalía investiga el caso como un posible homicidio culposo y las directivas del colegio Gimnasio Castillo Campestre hicieron firmar un acuerdo amenazante a los/as estudiantes del curso en el que se encontraba Sergio para que no dieran información a la prensa ni a ninguna organización o persona sobre el caso.

Consideramos que todo esto fue un asesinato premeditado, sistemático, y pseudo-legalizado. Pedimos la colaboración y acción de toda la sociedad que sienta el dolor que sintió nuestro compañero, que sentimos ahora sus amistades, su familia y demás personas que ya se han unido a la acción reivindicativa en el nombre de nuestro compañero. Pedimos también a todas las personas y organizaciones periodísticas, de difusión, de acción LGTBI, ateas, libertarias, de derechos humanos, estudiantiles, y demás que defiendan la libertad y la igualdad en cualquier sector social, y a quien sienta dolor al ver injusticia, a que organicemos, nos informemos y actuemos a favor de no dejar en impunidad esta muerte inducida por el odio, el prejuicio, la discriminación, la intolerancia y la indiferencia.

… mi sueño el que sigue entero, y sepan que solo muero si ustedes van aflojando. Porque quien murió peleando vive en cada compañer@..”

¡¡¡Compañero y amigo Sergio David Urrego Reyes, luchando te recordaremos!!!

 

Unión Libertaria Estudiantil
Anarcosindical

Luego de leer este relato, que sabemos no es nuevo, solo tenemos algo para decir: Ni la más mínima muestra de #homofobia será bien vista, será combatida. #NoHomofobia

“Esta carta se ha escrito con el fin de esclarecer ciertos datos acerca de la denuncia de acoso sexual que han puesto los padres de mi expareja. Lo hago de manera escrita debido al suicidio que he cometido y porque no quiero que los 16 años de vida que tuve se hallen con una oscura mancha llena de mentiras”. Así empieza una de las cartas que Sergio Urrego dejó en su casa, una hora antes de quitarse la vida. Se lanzó de la terraza del centro comercial Titán Plaza, al noroccidente de Bogotá, el pasado 4 de agosto.

Cada 40 segundos, en alguna parte del mundo, una persona se suicida. Sergio Urrego entró a engrosar esa cifra estéril que esta semana divulgó la Organización Mundial de la Salud, pero antes de hacerlo dejó por escrito todos los indicios que apuntarían a que su muerte está fuertemente relacionada con la discriminación que vivió en su colegio por ser gay. Un mes después de los hechos, con el dolor vivo —innombrable— que significa perder a un hijo, su mamá Alba Reyes y su papá Robert Urrego autorizaron revelar los detalles de su historia.

“Mi sexualidad no es mi pecado, es mi propio paraíso”, es el mensaje que todavía se lee en el muro de Facebook de Sergio Urrego. Eso creía este joven, para quien el amor no era una cuestión de géneros, de hombres y mujeres que se casan y reproducen. Hace 6 años estudiaba en el Gimnasio Castillo Campestre, una institución católica, en Tenjo, de 600 estudiantes de clases media y alta, que se ufana de “rescatar los valores para alcanzar la paz”.

Llegó aquí por la ilusión de sus padres de que cursara bachillerato en un colegio más grande y con mejores instalaciones al del barrio, donde cursó primaria becado. Estaba en 11° grado, y su novio, hace mes y medio, era un compañero del curso. Todo empezó a comienzos de mayo de 2014, cuando el profesor Mauricio Ospina decomisó un celular que tenía una foto de Sergio Urrego y su pareja dándose un beso. El profesor llevó el caso a las directivas de la institución y los jóvenes fueron llamados a “Psicorientación”.

Allá les dijeron que estaban cometiendo una falta grave, porque el manual de convivencia decía que estaban prohibidas “las manifestaciones de amor obscenas, grotescas o vulgares en las relaciones de pareja dentro y fuera de la institución” y que estas relaciones debían ser autorizadas por los padres. Sergio y su pareja fueron llamados en repetidas ocasiones a la oficina de la psicóloga del colegio, Ivón Andrea Cheque Acosta. Fue ella quien los citó, el 12 de junio, junto a la coordinadora de turno y cuatro docentes más, para que explicaran su relación de pareja y para que les contaran a sus padres que estaban citados el 20 de junio para hablar del tema. Una amiga de clase recuerda que estaban preocupados y temerosos de esta reacción. Sergio se llenó de valor. Primero le contó a su papá, a quien le tenía una profunda confianza, y luego a su mamá. Los dos lo respaldaron y le recordaron que más allá de sus preferencias sexuales él era su hijo y lo iban a apoyar. El escenario fue radicalmente distinto para su novio: sus padres se escandalizaron, lo aislaron y lo retiraron de clases.

El 20 de junio, Alba Reyes, la mamá de Sergio, fue a la cita acordada. Al llegar, la rectora Amanda Azucena Castillo preguntó por el papá, Reyes le explicó que por compromisos laborales no pudo asistir. Castillo respondió que Sergio no podía entrar a clases hasta después de vacaciones cuando se diera la reunión con el padre. “¿Está violando mi derecho a la educación?”, le preguntó Sergio, y ella respondió desafiante que sí.

Cansados de tantos atropellos, el 1° de julio, Alba Reyes y su hijo radicaron una queja ante la Secretaría de Educación de Cundinamarca en contra del colegio Gimnasio Castillo Campestre. El documento denunció varios supuestos cobros arbitrarios en el colegio y la discriminación que tuvo su hijo por su preferencia sexual. También relató que la rectora Castillo no les entregó los últimos resultados académicos de Sergio, a pesar de estar “a paz y salvo” con la institución.

En diálogo con El Espectador, la secretaria de Educación de Cundinamarca, Piedad Caballero, afirmó que aún no han respondido la queja que interpuso la madre de Sergio. Sin embargo, explicó que se realizaron visitas para verificar las denuncias. El informe que reportaron los funcionarios , luego de hablar con la rectora Castilla, señaló que Sergio era un joven abandonado por su familia, pero nunca refirió el trato discriminatorio por parte del colegio que denunciaron sus padres. En cuanto a las supuestas irregularidades por cobros arbitrarios, Caballero explicó que siguen en proceso de investigación, porque el colegio pidió suspender las visitas, ya que tras la muerte de Sergio manifestaron sentirse amenazados por la Unión Libertaria Estudiantil, la organización anarquista a la que perteneció este joven.

La última reunión entre el colegio y los padres de Sergio fue el 12 de julio. A ella asistieron la rectora, el director, la psicóloga y una profesora. Las directivas dijeron que no era cierto que estuvieran discriminando a Sergio por su orientación sexual, pese a sus reproches sobre que no tuvieran la misma actitud frente a las parejas heterosexuales. La rectora afirmó que este caso era distinto porque existía una queja de acoso sexual contra él. Sergio lo negó sorprendido. Sus padres pidieron pruebas. Castillo dijo que no las tenían en ese momento y advirtió que la única forma para que el joven volviera a clases era que presentara un certificado de acompañamiento psicológico todos los meses hasta el día de su grado.

El lunes 14 de julio el papá llevó el certificado al colegio para que su hijo por fin reanudara clases. Pero al día siguiente, mientras Sergio esperaba que lo recogiera la ruta del bus, la psicóloga lo llamó y le dijo que los documentos no cumplían con los “parámetros requeridos” y que no podía ir a la institución. “Llamé desesperada al psicólogo para decirle que me ayudara a corregir los certificados porque no querían dejarlo entrar. Yo ya veía muy angustiado a Sergio por todo esto”, señaló Alba Reyes.

Por esos días, fiscales de la Unidad de Reacción Inmediata de Engativá llamaron por error a Robert Urrego y le contaron que efectivamente existía una denuncia por acoso sexual contra su hijo. La queja la habían puesto los papás del compañero de Sergio. El derecho de petición que hicieron, el 22 de julio de 2014, dice que Sergio “pretende con su actuar manipular y dominar a su hijo para que acceda a mantener una relación de noviazgo con él por medio de manifestaciones afectivas en público”.

“Sergio estaba destrozado con la denuncia”, afirmó su padre, Robert Urrego. Por eso decidieron retirarlo e inscribirlo en su antiguo colegio, el Liceo Normandía. Sus compañeros lo despidieron con mensajes en una cartelera pequeña. La directora y profesora de este pequeño plantel, Olga Milena Jankovich, recuerda a Sergio como el mejor estudiante que ha tenido y relata que por esos días él le contó la situación y le pidió consejo, porque “lo único” que quería era terminar el bachillerato.

El 28 de julio, los papás de Sergio radicaron la petición de retiro, en la que dejaron constancia de la discriminación y trato degradante que recibió su hijo por parte de las directivas. En el documento solicitaron que les reintegraran los derechos de grado y les dieran certificados de paz y salvo. El colegio negó la petición el 1° de agosto, argumentando que ya se había hecho la reserva y consignación de la fiesta de graduación.

Para seguir con la pesadilla, a Alba Reyes le pusieron una denuncia ante una Comisaría de Familia por abandono de hogar, manifestando que ella vivía en Cali y que Sergio estaba solo en Bogotá, con su abuela de 90 años. El tema terminó con una visita domiciliaria a Sergio, a la que su madre no pudo asistir. “Entraron a mi casa y cuestionaron a Sergio, al final la funcionaria dijo que no se trataba de un caso de violencia intrafamiliar”, mencionó Alba Reyes.

A pesar del retiro del colegio, por trámites de inscripción, Sergio presentó las pruebas del Icfes a nombre del Gimnasio Castillo Campestre, el pasado 3 de agosto. Alba Reyes voló a Cali al día siguiente para avisarle al gerente de la sede en la que trabaja que no podía viajar más porque le afanaba mucho que por los procesos legales en curso le quitaran a su hijo. Esa misma noche regresó a Bogotá. Cuando entró encontró en la mesa del comedor una nota que decía: “Se presentó un problema, no puedo ir al colegio”. Extrañada subió a buscar a Sergio a su cuarto. En la cama encontró la segunda nota que decía: “Estas cosas sólo las pueden tocar mi madre o mi padre. Las que están selladas entregarlas así. No abrir”, junto a varios libros y una nota para sus amigos.

Allí también dejó la segunda misiva, quizá la más dura y desesperanzadora, donde se despide con cariño de su padre, de su abuela y de su madre. “Hoy espero lean las palabras de un muerto que siempre estuvo muerto, que caminando al lado de hombres y mujeres imbéciles que aparentaban vitalidad, deseaba suicidarse, me lamento de no haber leído tantos libros como hubiese deseado, de no haber escuchado tanta música como otros y otras, de no haber observado tantas pinturas, fotografías, dibujos, ilustraciones y trazos como hubiese querido, pero supongo que ya puedo observar a la infinita nada”, escribió Sergio, luego de pedir que donaran sus órganos y que no lo enterraran con curas ni oraciones; también dejó claro que el detonante de su muerte fueron todos los problemas que tuvo últimamente en el colegio.

La tercera carta la dejó en la mesa de noche de su madre: “A quien corresponde”, decía el encabezado y en ella desmiente las acusaciones por acoso sexual de la familia de su novio: “En la memoria de mi celular y en el escritorio de la pc quedan dos pantallazos de nuestras conversaciones en Whatsapp que demuestran que él no se sintió acosado en ningún momento, pues respondía con naturalidad a los mensajes. También hay pantallazos de la conversación que él tuvo con un amigo después de que les contara a sus padres sobre su orientación sexual, en los que escribió que estaba vuelto mierda debido a la posición que tomó su madre después de recibir la noticia (…) Él puede confirmar la veracidad de toda esta información, así como los testigos de nuestros actos (cuando había). Nunca en mi vida he acosado sexualmente a nadie, me parece un acto reprochable”.

El 4 de agosto de 2014, Sergio se bañó a las 7:00 p.m., le mostró el uniforme de su nuevo colegio a la persona que cuida a su abuela y salió de la casa. Dejó la comida servida. Llegó al centro comercial Titán Plaza y tras cruzar varios mensajes de despedida con amigos se lanzó de la terraza. Falleció tres horas después en la Clínica Shaio de muerte cerebral. El viernes 8 de agosto fue el funeral. Una de sus compañeras, que pidió proteger su identidad, recuerda que ese día fueron 40 de los 42 estudiantes de 11° grado del colegio. A la semana siguiente, el martes 26 de agosto, a los estudiantes los citaron a una reunión. La psicóloga les pidió que fueran discretos con el suicidio de Sergio. La rectora Castillo les dijo que como no habían pedido permiso para ir al velorio, tenían que reponer el día el próximo sábado. En la reunión nunca escucharon que la rectora lamentara la muerte de Sergio, pero sí que se refirió a él como “anarco”, ateo y homosexual. Este diario llamó en cinco oportunidades al Gimnasio Castillo Campestre para consultar sobre todas las denuncias a la rectora Castillo, pero manifestaron que estaba en una reunión y no podía hablar.

Para quienes conocían y querían a Sergio nada en la descripción que hizo la rectora podía considerarse malo. Sabían que él, así como sacaba los primeros puestos en todas las clases, también era gay, anarquista y pertenecía a la Unión Libertaria Estudiantil. Conocían su estilo crítico e irreverente, sus duros reproches a las religiones y su apertura para expresar sus preferencias homosexuales.

Sergio Urrego quería graduarse, tenía pensado estudiar inglés en Australia y luego ingeniería ambiental. Su papá, con la voz entrecortada por el llanto, dice que su hijo se suicidó como un grito de protesta. Su madre afirma que no descansará hasta limpiar su nombre, por eso presentará, con el apoyo jurídico de Colombia Diversa, una tutela la próxima semana. Sus amigos y familiares planean hacer un plantón y manifestación cultural a su nombre el próximo viernes, frente al colegio y el centro comercial Titán Plaza.

En una de las tres cartas que este joven dejó se despidió de su abuela. Escribió que iba a extrañar sus manos, su manera de mirar, de soñar, de añorar la juventud: “Nunca deseé morir antes que ella, pero esto ya no da más. En realidad pido unas muy sinceras disculpas por esto”, dijo. Sus palabras son una puñalada para quienes creemos que su muerte deja lecciones profundas y complejas sobre esta sociedad limitada, tan fiel representada por el sistema educativo.

Por: @Natal1aH  –  http://tinyurl.com/qx6qspr