CHÁVEZ ES FÚTBOL

Chávez es fútbol

CHÁVEZ ES FÚTBOL, es el libro creado y compilado por Hablamos Fútbol en homenaje al Comandante Chávez desde ¡la trinchera del fútbol! Aquí el lector encontrará palabras que dentro y fuera del territorio venezolano relacionan al líder de la Revolución Bolivariana con el mundo del balón. Son relatos de fanáticos, hinchas, movimientos sociales, periodistas, directivos, jugadores y otros entes que desearon expresarse.

CHÁVEZ ES FÚTBOL, viene a ratificar que definitivamente “el fútbol es la expresión de los pueblos”.

Acá les dejamos el link para que descarguen el libro en PDF:

http://www.hablamosfutbol.com.ve/Libro%20Hablamos%20Futbol

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A todas las compañeras y compañeros bullanguerxs les hacemos el llamado a marchar el día 6 de marzo, en una nueva versión de la conmemoración del “Día de la Mujer”. Como piño antifascista consideramos sumamente importante combatir desde todos los espacios posibles y de manera activa lo que el capitalismo ha instaurado como natural, por tanto es necesario visibilizar dentro de nuestras relaciones de camaradería como el patriarcado ha ido modulando nuestro comportamiento e inventado pautas sociales con las cuales nos movilizamos y relacionamos a diario y que sin querer reducen y oprimen a la mujer. Como barristas bullangueras podemos decir con orgullo que una de las cosas mas preciadas que tenemos es el fútbol, comprendido desde todas sus aristas, deporte que históricamente se ha asociado a la masculinidad heteronormativa que pretendemos combatir. Ser de la “U” es un estilo de vida que escogimos seguir hasta la muerte, somos parte de la barra de Los de Abajo, parte de la fiesta y parte del aguante que cada fin de semana le entregamos a nuestro equipo. No permitiremos que nos digan como actuar ni mucho menos como enfrentar la realidad, somos rebeldes e insumisas, y no necesitamos de su victimización barata porque sabemos como defendernos. Hacemos un llamado enérgico a las compañeras a entender que la violencia y su reproducción sistemática a través de los medios y lastimamente a través de los mismos compañeros tiene que terminar AHORA. Es dentro del mismo fútbol moderno y su comercialización donde se encuentran instaurados diversos prototipos que fomentan la desvalorización tanto de los cuerpos de las compañeras como también de su rol y participación en las esferas de este deporte, la utilización de cuerpos “ideales”, la erotización de estos en el uso de la publicidad de los canales deportivos por ejemplo dejan entrever que el publico objetivo está dirigido hacia los hombres, excluyendo toda posibilidad de publicitar neutramente o a la par (solo basta con recordar las publicidades de cerveza en relación al fútbol o las modelos que auspician marcas y entregan copas). Es así como queda en evidencia que la comercialización del fútbol no solo violenta al hincha común, sino que va más allá, arrastrando estereotipos y reproduciendo el patriarcado mediante la lógica futbolera que termina violentando de una u otra forma a la mujer. Ante esto tenemos que saber decir BASTA.

Como mujeres del Sentimiento Antifascista también queremos manifestar que compartimos a diario con compañeros que luchan a la par con nosotras, sin distinciones. Y eso pretendemos. No queremos ser mas ni menos que ellos, queremos caminar a la par en igualdad de condiciones contra el capital y estado opresor.

Finalmente, comprendemos que el patriarcado se instaura violentamente en diversas áreas de nuestras vidas, y es por esto que como barristas antifascistas hacemos el llamado a marchar este día, a hombres y mujeres para que comprendamos que debemos comenzar de a poco a construir relaciones de respeto mutuo entre nosotrxs mismxs,relaciones que superen la heteronorma y caminen hacia la organización que de manera horizontal consiga reconstruir un nuevo mundo, una nueva manera de concebir nuestras vidas de tal forma que no exista ninguna relación de poder que nos determine, dejando de lado las diferencias de género y caminando hacia la organización del pueblo para recuperar lo que nos han quitado.
Somos Los De Abajo y vamos por los de arriba.

Salud y camaradería
¡Viva la U libre, valiente y combativa!

SENTIMIENTO ANTIFASCISTA
ORGULLO OBRERO-ESTUDIANTIL.

Fútbol, nazis y Colombia: una historia olvidada – Por: @PinoCalad

Simon Kuper, el mismo de esa maravillosa biblia de fútbol y antropología económica llamada Soccernomics, tiene un libro delicioso del 2003 llamado Ajax, The Dutch, the War: Football in Europe during the Second World War, en el que le recuerda a los ingleses en particular y a los europeos en general ese momento de la historia en el que todos parecían amar el Nazismo, y pone como ejemplo el fútbol de la época.

Claro, hoy Hitler es sinónimo del mal con bigotes y es fácil hablar del estereotipo del alemán racista y amante de las ideas totalitarias que nos caricaturiza cada película de Hollywood sobre la II Guerra Mundial, pero lo cierto es que en los años 30 el mundo veía a Alemania como un modelo a seguir y a Hitler como el deber ser del un líder. Suena absurdo, pero es que la historia es absurda.

Hasta los grandes enemigos de la Alemania Nazi en la guerra eran admiradores de ella antes de 1939, no nos olvidemos a Hitler como hombre del año en la revista Time de Estados Unidos en 1938 (foto); o de Eduardo VIII, cabeza del Imperio Británico, señalado como proNazi y que tuvo que abdicar en diciembre de 1936, diez meses después de subir al poder, para casarse con la divorciada Wallis Simpson, señalada por múltiples biógrafos como simpatizante de Hitler.

Entender los momentos históricos en su contexto es complejo pues nuestros ojos miran con el filtro de los los prejuicios actuales, pero lo cierto es que en la década del 30 el mundo era Nazi: Alemania había pasado de ser la gran perdedora de la I Guerra Mundial a una potencia industrial y militar en muy poco tiempo y, como suele pasar, el desarrollo económico llevaba a que muchos ignoraran las atrocidades contra las minorías (judíos, polacos, gitanos, homosexuales) y los atropellos contra todo aquel que tuviese una voz que le llevara la contraria al régimen. El discurso de orden, progreso y seguridad triunfaba pisando vidas que poco les importaban a los beneficiados (si les suena actual y cercano, no es mi culpa).

Ahí es donde Kuper recuerda cómo la selección de Inglaterra en 1938 visitó a Alemania en el Estadio Olímpico de Berlín y saludó al führer con el brazo derecho extendido, saludo imperial tomado por los Nazis del fascismo italiano de Mussolini, quien con él por esos mismos años había convencido a sus compatriotas de que el gran imperio romano, en donde así se saludaba al César, nunca había muerto.

Los amigos de la maravillosa Revista Un Caño de Argentina recuerdan la historia en este buen artículo de Pablo Cheb, y destacan que en medio de las tensiones políticas de ese 1938, cuando Alemania ya se había anexado Austria en busca de las “fronteras naturales del Tercer Imperio” y afilaba sus garras para comerse a Polonia, los jugadores fueron obligados a realizar el “heil Hitler” por la FA, pues así era la cosa: Alemania era el deber ser y era una descortesía romper los protocolos de homenaje al líder mundial.

Lo lindo es que Un Caño también nos recuerda que los seleccionados ingleses también saludaron  así a Mussolini en 1939, justo antes de la Guerra, pero claro, para nuestra mirada actual los malos eran los alemanes, no los italianos… en fin.

La pregunta es: ¿Colombia también fue Nazi? Más allá de la idiotez salida de contexto, anacrónica y sin sentido de los neonazis colombianos de hoy en día que apoyan al procurador Ordóñez y hablan de “raza superior” en una nación pluriétnica y multicultural, en los 30 las ideas del nacionalsocialismo calaron profundamente en nuestra sociedad.

No se trató solamente de migración alemana entre guerras, como relatan las novelas El jardín de las Weismann de Jorge Eliécer Pardo y Los Informantes de Juan Gabriel Vásquez, se trató de una relación política tan cercana, que incluso Colombia entró en la mirilla de la sospecha de Estados Unidos al comenzar en 1939 la II Guerra Mundial, como bien lo retrata esa tremenda investigación de Silvia Galvis y Alberto Donadio llamada Colombia Nazi.

Teníamos juventudes con camisas pardas, lineamientos políticos de clara tendencia Nazi (encabezados por Laureano Gómez), reuniones del partido llenas de esvásticas y banderas alusivas al nacionalsocialismo alemán (ver foto al lado de una reunión en Barranquilla, tomada de Colombia Nazi), pero sobre todo teníamos una idea fundamental del fascismo que se basaba en buscar la superioridad de la raza.

Insisto, hoy parece un mal chiste, pero incluso el primero Ministro de Educación (1934) y luego Canciller de la República (1938) Luis López de Mesa era un defensor de una política de mejoramiento de la raza en la que se prohibiera el mestizaje con indígenas y negros, y se estimulara la llegada de alemanes. Fue él quien cerró las fronteras del país a los judíos que huían de Alemania.

Pero la superioridad racial  era un tema vital para las diferentes naciones del mundo de los 30, no sólo para Colombia: la raza italiana tenía que demostrar que era superior y por eso no quiso disputar el Mundial del 30 en Uruguay, no fuera que ese equipo con negros los humillara como había pasado con las otras naciones europeas en los Olímpicos del 24 y el 28, y precisamente por eso se convirtió en cuestión de estado ganar los Mundiales de del 34 y 38, con amenazas a técnico y jugadores a bordo en el ya mítico “vencer o morir” de Mussolini.

Hitler siguió el ejemplo y organizó los Olímpicos de Berlín en 1936 para demostrar la superioridad de la raza alemana, hecho que quedaría para la historia en Olympia, un documental en dos partes de Leni Riefenstahl, la genio cinematográfica de la propaganda Nazi, en las que se muestra la belleza, el poder físico, el sacrificio y el heroísmo de la considerada “raza superior” por ellos, López de Mesa y Laureano.

Por supuesto, el deporte era la clave para tener una “raza superior” y Colombia lo entendió pronto. En 1928 se realizaron los primeros Juegos Deportivos Nacionales para reunir a lo más granado de la juventud y tratar de seguir el ejemplo de Uruguay, primer país sudamericano en lograr medallas de oro en los Olímpicos, codeándose así con las potencias mundiales. Bien lo escribió la entonces popular revista bogotanaEl Gráfico ese año, tras el bicampeonato olímpico de los uruguayos: “Colombia no ha participado aún en el torneo universal; su bandera no ha flotado con las ondulaciones del triunfo en el palenque cosmopolita como lo hicieron los pabellones del Uruguay y la Argentina. Ello se debe a que nuestro país asimila de manera tardía los sistemas implantados en los Estados de alta civilización”[1]

El tema era ese: ser “civilizados”, ser” europeos”, ser más blancos, y la clave era el deporte, como bien lo registró la ya desaparecida revista Deportivas en su primer número en 1931: “Es que el deporte está absorbiendo la gloria que correspondió exclusivamente a los ejércitos. Es una ventaja de la civilización. El deportista es en su verdadero concepto un arquetipo físico y moral de la raza”[1].

Por eso, para mejorar la raza, el presidente de la República entre 1930 y 1934, Enrique Olaya Herrera, tomó medidas como respaldar los Juegos Deportivos Nacionales de Medellín en 1932 y, sobre todo, firmar el decreto 1734 de 1933 para que se creara la Comisión Nacional de Educación Física con el fin de construir un estadio nacional en Bogotá, lograr que Colombia participara en el Mundial de fútbol de 1934 y desarrollar y divulgar los deportes en la clase obrera. Lo primero se cumplió en 1938 con la inauguración del ‘Nemesio Camacho’ El Campín, lo segundo se quedó en veremos (la primera Selección Colombia fue de 1935) y lo tercero condujo a la aparición de clubes de obreros en diferentes fábricas del país como Indulana o Unión en Medellín, que se fundirían en el Atlético Municipal, al que hoy conocemos como Atlético Nacional.

Pero la medida que nos metió de lleno en la idea de deporte como mejoramiento de la raza y refuerzo de la identidad nacional fue la creación de los Juegos Bolivarianos de 1938. Alberto Nariño Cheyne llevó a Berlín 36 la idea de unas justas regionales en Sudamérica que sirvieran para ampliar el calendario olímpico y promovieran la idea de panamericanismo que imperaba en la región tras la guerra entre Colombia y Perú de 1932 (en la que, por cierto, fue fundamental el apoyo de los inmigrantes alemanes), y entre vítores y banderas con esvásticas se anunció la primera edición de los Juegos entre las naciones bolivarianas que se disputarían en Bogotá, que ya tenía el plan del estadio El Campín y contaba con las canchas y campos de la Universidad Nacional.

Estos quedaron para la historia por el triunfo general de Perú (para malestar nacional pues las heridas de la guerra aún estaban abiertas), por la polémica que generó la conformación de la Selección Colombia de fútbol a cargo del argentino Fernando Paternoster (subcampeón mundial del 30), ya que cada región exigía a sus jugadores y al final nadie quedó contento, especialmente porque los de la franja roja nos golearon 4-2 (vale la pena recordar, ese equipo de Perú había sido cuartofinalista de Berlín 36, eliminado en una polémica histórica marcada por el racismo); por el oro colombiano en baloncesto (en la que además fue la primera transmisión radial del que luego sería el legendario Carlos Arturo Rueda), por la inauguración del estadio El Campín y, sí, por la demostración proNazi de nuestras juventudes bolivarianas.

Repito, hoy es fácil criticar, pero recordemos cómo las delegaciones de los cinco países saludaron en la inauguración el palco del presidente Alfonso López y en la clausura en de Eduardo Santos (justo coincidió el cambio de administración) con la mano derecha en alto al mejor estilo Nazi como se ve en estas fotos:

La publicidad del evento también fue una deliciosa muestra de cómo nos había influenciado la Alemania Nazi; repasemos:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sí, Colombia también fue proNazi y se vio simbólicamente en esos Juegos Bolivarianos del 38, pero sobre todo en nuestra forma de asumir el deporte como una cuestión de mejoramiento de la raza. Parafraseando a Borges, el nazismo fue popular -muy, muy, muy popular- porque la estupidez es popular. Lo irónico es que aún pasa…

Fútbol y migrantes… #Italia #Siculiana

#Italia || Cuando se habla de fútbol actualmente, se habla de grandes transferencias de jugadores, millones de euros de un lado a otro, patrocinios y construcciones de grandes estadios, dejando a un lado aquello que pocas, pero valiosas personas, reconocen como el corazón de este juego que da sentido a nuestras vidas.

Acá les compartimos la experiencia de un modesto equipo de fútbol de la región de #Sicilia en #Italia, que han dejado su cancha abierta a los cientos de migrantes que llegan al lugar…

Sencillamente, el fútbol también da vida.

Video

 

 

#Babelsberg03: Vestigio Espartaquista del Fútbol Germano-Oriental #RosaLuxemburgo – Por: @CarlesVinyas

El pasado 15 de enero se cumplían 95 años del asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, abogado antibelicista y cofundador del Partido Comunista de Alemania (KPD) y de la publicación Die Rote Fahne (La bandera roja). Ambos crearon la Spartakus Bund (Liga Espartaquista), un movimiento marxista revolucionario. Casi cien años después Liebknecht da nombre a un estadio de fútbol y su rostro se perpetúa como imagen de la hinchada de un club que se debate entre el profesionalismo y el amateurismo, el Babelsberg 03.

LA REVUELTA ESPARTAQUISTA. GOLPE A LA REPÚBLICA WEIMAR

Los integrantes de la Liga Espartaquista participaron a inicios de enero de 1919 en el denominado Levantamiento espartaquista (Spartakusaufstand) en Berlín que fue reprimido con dureza por las fuerzas contrarrevolucionarias formadas por el Ejército y los Freikorps, las milicias paramilitares ultranacionalistas integradas por veteranos que habían luchado en la Primera Guerra Mundial. La sublevación, iniciada con la huelga general convocada por el denominado Primer Congreso Soviético de Alemania para derrocar al gabinete presidido por el socialdemócrata Friedrich Ebert, no contó al principio con el apoyo de los dirigentes comunistas. Fue precisamente Liebknecht quien convenció a sus camaradas para sumarse a las movilizaciones.

Tropas comandadas por Wilhem Reinhard desfilan por el centro de Berlín

A pesar de ello, las escasas adhesiones obtenidas en las filas obreras y del Ejército abocaron a los revolucionarios al fracaso. El 15 de enero las tropas gubernamentales restablecían el orden en la capital. Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht eran apresados y ejecutados cuando se les trasladaba a la cárcel. Su muerte provocó manifestaciones de rechazo y disturbios en todo el país. 95 años más tarde su legado perdura ligado a un equipo de fútbol.

Cartel propagandístico del KPD alemán

DEL TERCER REICH A LA RDA. EL EQUIPO DE KARL- MARX

Fundado en la ciudad de Postdam, localidad situada en las inmediaciones de Berlín, en 1903 (de aquí el número que aparece en el nombre oficial del club null drei en alemán), bajo la denominación inicial de Sport- Club Jugendkraft 1903, el conjunto de la capital de Brandenburgo nunca ha destacado por sus éxitos deportivos. Entre sus fundadores se encontraban jóvenes aficionados a disciplinas como la halterofilia o la lucha libre originarios de Nowawes, una pequeña colonia situada al este de Postdam creada en el siglo XVIII para albergar a los bohemios perseguidos por profesar la fe protestante que en 1938 se fusionó con Babelsberg.

En sus inicios disputó sus partidos en el Parque Babelsberg, una instalación que quedaría severamente dañada posteriormente por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. En la década de los años veinte el club armó un equipo que fue entrenado por Sepp Herberger, toda una institución del fútbol alemán y futuro técnico de la Mannschaft, la selección germana.

Durante la reorganización del deporte ordenada por los dirigentes nacionalsocialistas disputó la Gauliga Berlín- Brandenburgo, una de las competiciones regionales creadas en 1933 tras el ascenso del NSDAP al poder que reemplazó al anterior torneo, la Oberliga. El equipo jugó con el nombre de SW Nowawes (una denominación que disgustaba a las autoridades nazis por su origen eslavo) tras fusionarse con el Fortuna 05, un club fundado por obreros entusiastas del deporte, hasta que en 1943 pasó a llamarse SpVgg Postdam llegando a obtener el tercer puesto del torneo en 1944. Finalizada la Segunda Guerra Mundial llegó la subsiguiente ocupación soviética de la parte oriental de la capital germana que comportó la desaparición de la Gauliga. El cambio también afectó al conjunto de Postdam. El SpVgg, cómo el resto de equipos y asociaciones del país fue disuelto por los aliados.

Bandera de la extinta República Democrática Alemana (RDA)

No fue hasta agosto de 1949 cuando algunos de sus antiguos seguidores y ex futbolistas decidieron refundar el club bajo una nueva denominación, el SG Karl Marx Babelsberg, más acorde con la orientación política de la naciente República Democrática Alemana (RDA), que no debe confundirse con el FC Karl- Marx Stadt de Chemmitz, anteriormente denominado SC Wismut Karl- Marx Stadt.

Volviendo al club de Postdam poco le duró el nuevo nombre ya que en 1949 se fusionó con el SG Drewitz para pasar a llamarse BSG Motor Babelsberg. Tras vivir su periodo deportivo más exitoso en la década de los cincuenta, en el que llegó a disputar durante nueve temporadas la DDR- Oberliga, el Babelsberg deambuló por la segunda y tercera divisiones del fútbol germano- oriental.

Selección germano- oriental que obtuvo la medalla de oro en los JJOO de Montreal’76

 

FÚTBOL OLÍMPICO EN EL KARL- LIEBKNECHT STADION

En los años setenta se inauguró su actual terreno de juego, el Karl- Liebknecht Stadion, cuyo nombre homenajea al mencionado líder espartaquista. El primer partido que disputó el Motor Babelsberg en dicho recinto se celebró el 10 de julio de 1976. Ese día sus jugadores se enfrentaron al equipo olímpico de fútbol de la RDA. Un combinado que a la postre se alzaría con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos celebrados en Montreal tras batir en la final de la competición de fútbol a la selección polaca liderada por el mítico delantero Grzegorz Lato. Un año más tarde, en octubre de 1977, el Karli –como se conoce popularmente el estadio– vivió su récord de ocupación con 15.000 espectadores llenando las gradas y su tribuna de madera para seguir las evoluciones del partido de clasificación para el Mundial de Argentina’78 que enfrentó a las selecciones de Alemania Oriental y Malta y acabó con goleada local por 9 a 0.

Fuente: Carles Viñas

Ultras: la demonización de la clase obrera – Por: @IdealesDelGol

Si bien compartimos el hecho que para comprender la violencia en el fútbol es necesario comprender, sucede, afrontar, analizar el fútbol y su cultura, tal como lo indica el siguiente articulo, diferimos con la conclusión del mismo, donde reducen a la lucha de la discriminación como una cuestión que no debe ser política, recordemos que en la sociedad absolutamente todo es político, hasta el hecho de considerarse apolítico, además teniendo en cuenta que cuando nos ponen cualquier movida en estos términos de “centro” ya estamos hablando de un instrumento estatal y no una vía acertada a la solución de la problemática. Siendo así acá les dejamos el articulo escrito por Iñigo Arza y esperamos sus comentarios.

La historia de las gradas merece ser observada huyendo del oportunismo. Gradas del FC United of Manchester / MATTHEW WILKINSON

La violencia en el fútbol y la utilización por parte del fascismo de algunas gradas como centros de operaciones son fenómenos siempre preocupantes. Para comprender lo que sucede y afrontarlo hay que analizar el fútbol, su cultura, y evitar meter en un gran saco clasista a ultras, hooligans, hinchas, fans, fascistas, antifascistas… para finalmente señalar a la pasión en las gradas como culpable.

Según recoge la Ley del Deporte, está prohibido beber alcohol en el fútbol. Pero aunque no lo especifica, porque estaría feo ponerlo por escrito, en la práctica hay un condicionante: no puedes beber alcohol si eres del populacho, si perteneces a las élites no hay problema. O eso se deduce, porque en los palcos, hábitat natural de las personas que menos aman el fútbol pero que más tienen en juego en torno a él, los gin-tonics vuelan.

La violencia en el fútbol es tan vieja como el propio fútbol. Esto no la justifica, sino que obliga a analizar sus orígenes para comprender el fenómeno más allá de explosiones puntuales. El nacimiento de este deporte en la época industrial, en plena construcción de la tradicional clase obrera, condiciona completamente la cultura que lo rodea. Esa cultura de la clase obrera industrial comienza a impregnar el comportamiento de los hinchas (y de los propios futbolistas), una cultura hegemónica no tan distinta de la que podíamos ver en los primeros sindicatos, donde se mezclan el espíritu comunitario, la lealtad, la solidaridad o la honradez, con el contrapunto del tradicional machismo o ciertas maneras agresivas. Tras la II Guerra Mundial, y en España más concretamente durante el desarrollismo, el balompié se convirtió en algo tan masivo que las élites económicas y políticas trataron de instrumentalizarlo.

En las décadas posteriores esta oligarquía decidió que las clases más humildes habían perdido el derecho a disfrutar de su pasión, y llegaron las entradas caras, la obligatoriedad de estar sentado o la videovigilancia. Que Margaret Thatcher fuera la pionera de esta ingeniería social represiva hace sospechar que no fueron unas inocentes medidas de seguridad, como la privatización de las empresas públicas británicas no fue una simple medida de eficiencia. Porque la violencia en el fútbol era un gran problema de orden público, e incluso sigue siéndolo en algunos países, algo a lo que hay que poner solución pero sin utilizarlo como excusa para echar del estadio a los aficionados y su cultura de grada.

FASFE, la potente federación de asociaciones de aficionados españoles, afirma que “las políticas contra la violencia y la intolerancia en el deporte deben estar guiadas por los principios de educación, prevención, respeto a los derechos fundamentales y la cultura de grada de las aficiones”. Tanto ellos como Football Supporters Europe, organización similar pero a nivel europeo, demandan que, para acabar con la violencia en el fútbol y con las llamadas “ideologías del odio”, las soluciones vayan por otro camino.

En los países futbolísticamente más avanzados (la Alemania de la última década es el mejor ejemplo), la intolerancia y el fascismo son líneas rojas que nadie puede sobrepasar. Al igual que hacen allí, la Federación Española de Fútbol y los clubes deben posicionarse clara y militantemente contra el racismo, la homofobia, la xenofobia, el fascismo y cualquier otra forma de discriminación. También deben fomentar la participación democrática de los hinchas en el propio club, evitando así que gestores con intereses ajenos vendan su alma a grupos violentos que les sostengan en el poder. La lucha contra la discriminación no debe ser percibida como una cuestión política, debe ser una cuestión de normalidad asumida por todos, sin connivencias, y entendiendo el fútbol como el elemento integrador que es. 

Fuente: Diagonal Periódigo – Iñigo Arza